
Franns Rilles no podía sospechar que su aventura europea acabaría en tragedía. Pero así fue. El 28 de mayo perdió el brazo izquierdo mientras trabajaba en una panificadora. La máquina de amasar se lo segó de cuajo. Accidente laboral, si tuviera contrato. Su jefe lo abandonó a 200 metros del hospital. Y se deshizo de la extremidad sin dar opción a su reimplante.
Ahora la fiscalía investiga los hechos por si pudieran ser constitutivos de delito. De uno o de varios. Porque este joven de origen boliviano tampoco había sido dado de alta a la seguridad social. Y como él otros tantos, según denuncia CCOO.
Franns trabajaba en esta empresa desde hacía dos años “con jornadas de 12 horas diarias, sin contrato, y por un sueldo de 23 euros al día”, apunta el secretario comarcal de CCOO en la Ribera-Safor, Josep Antoni Carrascosa.
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